Hoy porque sí, porque me apetece.

Siento que tengo que pedir perdón por haber estado desaparecida, o dar algún tipo de explicación, pero a la vez sé que la gente que me conoce sabe que voy y vengo, que divago, y que necesito estos break para recargarme. Y vaya si necesitaba recargarme.

Tampoco es que venga full batery, pero mira, casualmente me han inspirado y tengo la necesidad imperiosa de gritar al mundo 2.0, ¡Gracias! A ver cuán lejos llega el eco en el ciberespacio.

Ha pasado un montón de tiempo (¡la última vez que estuve por aquí fue el 26 de Marzo!) y han sido muchas las veces que he querido escribir y contar qué estaba pasando, qué tenía entre manos, porque he vivido cosas MARAVILLOSAS estos últimos meses. No sé, es como que mi “yo” digital se había quedado anclado en Madrid, aunque estaba claro que ya no estaba allí. Pero necesitaba romper con todo eso. Acabé verdaderamente harta de tener que estar continuamente expuesta en las redes. A lo mejor no se entiende, pero soy una persona muy celosa de mi intimidad y tengo esa dualidad con lo que se enseña de uno mismo en internet, sobre todo con las fotos y los vídeos. Es algo que no llevo bien. Y bueno, decidí apartarme y olvidarme de todo esto hasta que me apeteciera de verdad, de forma auténtica contar algo, porque me naciera de dentro y no porque fuera una obligación hacerlo.

Hoy me apetece, y lo hago con un gatito bebé en mi regazo, que hace unos meses os compartí en Twitter que se había colado en el motor de nuestro coche, y menos mal que no respondisteis, cabronxs, porque ahora soy la persona más feliz del fucking universo. Se llama Coco, no tengo claro si de cocodrilo o por la peli de Pixar, pero vamos, que si queréis ver cómo llegó y lo bonito que está ahora aquí tenéis su Instagram.

Otro día os contaré qué me traigo entre manos, porque está claro que quieta no me he quedao’.

Gracias 😊

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